LA INTELIGENCIA EMOCIONAL EN AJEDREZ

INTELIGENCIA EMOCIONAL Y AJEDREZ.

Por Carlos Martínez Piqueras. España.

En 2012, en el The Spanish Journal of Psychology, ve la luz el artículo de investigación “The benefits for the intellectual and social-emotional enrichment in schoolchildren (Los beneficios de la práctica del ajedrez en el enriquecimiento intelectual y sociafectivo en escolares). Los resultados son muy interesantes: por un lado, los “datos muestran una mejora en las competencias cognitivas en el grupo que practicaba ajedrez”. Por otro, “el análisis de los datos mostró como ciertas variables sociafectivas muestran una mejora significativa para el grupo de ajedrez”. Y, siguiendo con los datos mostrados en el artículo, dice “El profesorado percibe al alumno [de ajedrez] como más satisfecho con la escuela y el profesor, con un mayor grado de estudio, una mayor satisfacción consigo mismo, una mayor confianza y seguridad y, finalmente, con una mayor capacidad de afrontamiento y resolución de problemas.No es el objetivo del presente artículo realizar un exhaustivo análisis sobre los datos arrojados en este artículo, aunque sí recomiendo encarecidamente la lectura del mismo, pues es el primero que de una manera clara relaciona la práctica del ajedrez con el campo de la inteligencia emocional.

Hoy en día es muy común hablar sobre inteligencia emocional y este concepto está instalado en nuestro lenguaje cotidiano. Pero, ¿de donde procede este concepto? Los primeros investigadores que hacen referencia a él son Peter Salovey y Jhon Mayer, en su artículo “Emotional Intelligence. Imagination, Cognition and Personality, en 1990. Posteriormente, en 1996, este concepto recibiría un auge exponencial tras la publicación del libro “Emotional Intelligence(Inteligencia emocional), de Daniel Goleman. La inteligencia emocional pasaba a convertirse en un campo muy atractivo de investigación en el mundo de la psicología. Desde entonces, muchos han sido los estudios realizados y se han propuesto varios modelos teóricos que tratan de explicar las dimensiones y la importancia de este concepto. Pero, ¿qué es la inteligencia emocional? Salovey y Mayer la definen como “la habilidad para percibir, valorar y expresar emociones con exactitud, la habilidad para acceder y/o generar sentimientos que faciliten el pensamiento; la habilidad para comprender emociones y el conocimiento emocional y la habilidad para regular las emociones promoviendo un crecimiento emocional e intelectual(Mayer y Salovey, 1990). Aunque hay otras definiciones importantes (Daniel Goleman, 1996 o Bar-On, 1997), creo que esta es muy amplia y nos da una imagen general sobre el concepto. Entre las habilidades que los autores proponen, y que han ido perfeccionando a lo largo de los años, encontramos:

  1. Percepción emocional.
  2. Facilitación emocional del pensamiento.
  3. Comprensión emocional.
  4. Dirección emocional.
  5. Regulación reflexiva de las emociones para promover el crecimiento emocional.

A modo de resumen, podríamos decir que en este modelo expone la inteligencia emocional como la habilidad para identificar las emociones propias y las de los demás, relacionar las emociones con las sensaciones para facilitar su expresión, comprender qué emociones se sienten y tomar conciencia y poder reflexionar sobre este proceso.

Pero, ¿se puede trabajar la inteligencia emocional desde el ajedrez? ¿Cómo?

El ajedrez ofrece un espacio amplio de posibilidades. Por su riqueza en ideas y estrecho paralelismo con la vida diaria, el ajedrez puede ser utilizado no solamente como una herramienta educativa que ayude y enseñe a pensar, si no también como un espacio para la vida, un lugar que invite al alumno a conocer y vivir sus propias emociones.

Me gustaría proponer aquí algunas sugerencias y/o actividades para el profesorado que pueden llevar a cabo durante sus clases de ajedrez para introducir, de una manera directa, la vida emocional de los alumnos.

Una las situaciones más comunes que se dan en una clase de ajedrez es la aparición del enfado tras una derrota en alguna partida. Esta situación, que pudiera resultar un tanto incómoda en general para el profesorado, es una excelente oportunidad para trabajar este concepto del que venimos hablando. Más si cabe, si este enfado ha sido exteriorizado con muestras irrespetuosas hacia el alumno que ha ganado. Hablar directamente con el alumno proponiéndole que ponga palabras y sensaciones a esa emoción que siente, es una vía excelente para que tome conciencia sobre lo que le sucede. Es sumamente importante que no censuremos esa emoción, si no que le demos un espacio para que el alumno pueda darse cuenta de ella y le ponga las palabras adecuadas. Posteriormente, podemos dialogar con él sobre qué le genera esa emoción y qué quiere hacer con ella, cómo exteriorizarla de una manera adecuada. Aquí, el profesor es un apoyo fundamental que ayudará al alumno a generar alternativas sobre cómo vivir esa emoción y afrontarla de una manera óptima. Esta breve propuesta sirve para que una situación habitual que, en muchas ocasiones intentamos olvidar o que pase lo más pronto posible, sea el comienzo de un ejercicio donde el alumno pueda tomar conciencia, verbalizar y afontar aquello que le ocurre, de una manera más integral.

Un ejercicio que utilizo en clase consiste en inventar pequeños monólogos o diálogos entre las piezas. En esta posición, ¿qué pensáis que diría el caballo si pudiera hablar? ¿Y el alfil? ¿Y el peón que está en h7? ¿Qué le diría el rey negro a la dama blanca si pudiera hablar? Es un ejercicio sencillo donde los alumnos, constantemente, viven un rol diferente y pueden trabajar aspectos como la empatía (“este rey está triste porque se ha quedado soloo “este  alfil está contento porque se va a comer a la dama) o la solidaridad y la cooperación (“a la torre lo que más le gusta es correr, pero ahora no puede porque está el caballo que no le deja salir. Así que la torre le diría al caballo: por favor, ¿podrías mover para que así pueda correr por el tablero?). Dependiendo de qué conceptos queremos trabajar, podemos utilizar unas posiciones determinadas y preguntar sobre las piezas que pensemos que pueden “exteriorizar” mejor esos conceptos.

Por último, me gustaría proponer un ejercicio donde se relacionan el cuerpo y las emociones. Siguiendo los comentarios anteriores, podemos poner una posición y pedir a los alumnos que imaginen que posición corporal tendría el caballo o la torre en caso de que fueran personas: ¿Están de pie o sentados? ¿Qué expresión facial tienen? ¿Cómo están sus brazos? Una vez que hagan la postura, les pediremos que señalen qué emoción piensan qué sentiría esa “pieza”.

Esto son algunos ejemplos sobre las posibilidades que nos ofrece el ajedrez para trabajar aspectos de la inteligencia emocional. Por supuesto, analizar qué ha ocurrido en la partida junto con el rival o verbalizar qué he sentido durante la partida una vez finalizada, son otras tareas que ayudarán al alumno a tomar conciencia de sus propias emociones y gestionarlas.

El ajedrez es un excelente campo donde darnos cuenta de nuestras propias emociones y las de los demás, así como un espacio “seguro y controlado” donde poder atender y ayudar al alumno para aprender a gestionar aquello que siente.


Nota: artículo publicado por el autor en la Revista Digital Ajedrez Social y Terapéutico (España).

Referencias

  • Emotional Intelligence. Salovey P. y Mayer, J.D. 1990.
  • Inteligencia emocional. Goleman, D. 1996
  • La Inteligencia Emocional: abordaje teó Romero M.A. 2008
  • La inteligencia emocional y sus principales modelos: propuesta de un modelo integrador. García-Fernández M. y Giménez-Mas S.I. 2010.
  • Los beneficios de la práctica del ajedrez en el enriquecimiento intelectual y socioafectivo en escolares. Aciego R., García, L. y Betancort M. 2012
  • El cerebro y la inteligencia emocional: nuevos descubrimientos. Goleman, D. 2012

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