JUGAMOS Y CRECEMOS

Impresiones sobre el Ajedrez y nuestras actitudes personales.

por Nicolás Bustos*.

JUGAMOS Y CRECEMOS

Mi relación con el AJEDREZ comenzó de niño. Por varias casualidades: justo el hijo de un colega de mi padre jugaba y al enseñarme nos volvimos fanáticos; justo entonces en Puerto Esperanza construyeron una fábrica, lo que implicó que vengan a vivir varias familias de Buenos Aires y entre ellos varios amantes del juego ciencia; justo más o menos entonces otro colega de mi viejo (sucesor del anterior en la Dirección de la misma escuela) era un fan del juego y tenía un hijo de mi edad con el cual también jugábamos y propició que en la escuela el AJEDREZ sea una materia…

Además, éste Director organizó varios torneos nacionales en la institución. Allí tuve la oportunidad de conocer a varios maestros como Soppe, Gómez Baillo y otros campeones provinciales de distintas lugares.

Cuando terminé el secundario me fui a estudiar a La Plata (Buenos Aires) y lamentablemente allí abandoné la práctica activa por varios años. Más de treinta para ser más preciso. Tal es así que por ejemplo que hasta hace poco no sabía que significaba 15+5: tuve que preguntar en un grupo de ajedrez y, a pesar de unas burlas, me explicaron.

Lo de las burlas me sorprendió, pero ahora entiendo que forma parte de lo que estoy sospechando y que intentaré explicar más adelante.

Entre las muchas cosas positivas de volver a jugar estuvo el conocer a un brillante instructor y mejor persona, un tal Erni Vogel. Entre las cosas negativas fue sentir un ambiente bastante hostil y de actitudes mezquinas, de poco vuelo.

Esto último fue muy sorprendente para mí ya que pensaba que al ser gente que practica un juego en el que hay que tener cierta capacidad intelectual y presunta caballerosidad, eso propiciaría que también sean personas que al menos sean gentiles, sin soberbia. Pero no fue así en muchos casos…

-¿Por qué será?…-, me pregunté. Y ahí vamos llegando de a poco a lo que quiero comentar.

ENFOQUES DIDÁCTICOS Y ACTITUDES…

Escuchando atentamente la exposición de Vogel (https://shortest.link/j7L), distinguía los aspectos didácticos y pedagógicos que señalaba y me sorprendía de lo íntimamente emparentado que puede estar la didáctica del AJEDREZ con la de la MATEMÁTICA.

Frente a la enseñanza tradicional de esta ciencia, que propone: “concepto, ejemplo, ejercicios”, hay nuevos paradigmas (teoría de las situaciones didácticas, resolución de problemas, etc.)  que invierten esa lógica tan lineal de lo clásico, postulando una mejor aproximación al conocimiento a partir de ciertas situaciones problemáticas. Estas, en muchos casos, tienen un componente lúdico y en las cuales la mejor estrategia para resolverla, es el nuevo conocimiento que se espera aparezca en los propios alumnos. Además, al igual que la propuesta de Erni, debe atacarse la situación en colaboración con los demás. Esto por supuesto no es fácil de llevar adelante, ya que el contexto real de las instituciones juega muy en contra: horas fragmentadas, cantidad de alumnos, etc.

Pero además porque el rol del docente es diferente, debe correrse y adoptar un papel de guía más que el señor dueño del saber que transmite. Y bien sabido es que los docentes somos, por naturaleza, bastante egocéntricos.

Pero la propuesta es excelente en el sentido de que así es como se producen en la realidad los nuevos conocimientos matemáticos. Por eso existe históricamente, porque es una herramienta para ‘describir modelizar y resolver problemas‘. Por eso es que los contenidos aprendidos de esa forma tienen otro estatus en el alumno, ya que es un saber que tiene una razón de ser, un fin. Y no como suelen percibir generalmente los alumnos: que los saberes matemáticos escolares sirven para la escuela y nada más.

MATEMÁTICAS EN ACCIÓN…

Un ejemplo: una vez propuse trabajar con los promedios del fútbol, que divide puntos por cantidad de partidos y definen las pérdidas de categoría. La idea era entender porque favorece a los llamados clubes grandes y además analizar que ocurre con los empates, y ver que si un equipo tiene de promedio un valor mayor a 1 lo perjudica, si es menor lo favorece y si es igual a 1 no lo afecta.

El objetivo último era construir una expresión que se llama función homográfica y tiene un comportamiento asintótico. La propuesta les resultó interesante a los alumnos y se la pasaron dividiendo, probando, discutiendo y, en fin, haciendo matemáticas. Al final de la clase una alumna me pregunta con una honestidad brutal:

-«¿Y esto que tiene de matemáticas?»-

Quedé tan sorprendido que recién pude contestarle en la clase siguiente, una vez que ordené un poco mis pensamientos. La alumna tenía bien internalizada la idea de que la matemática escolar, en general, es un conjunto de conocimientos que nace y muere en la escuela y que nada tiene que ver con el resto del universo extraescolar.

Al entender a la matemática de otra forma, no solo es provechosa desde la didáctica sino también desde lo pedagógico, ya que es una lente para entender el mundo, las relaciones sociales, las desigualdades… En definitiva, colaborar en la formación de seres pensantes y críticos para la sociedad.

Yo creo que lo que enseñamos es casi una excusa para entrar a las aulas, nuestro fin último es formar buenas personas.

¿Y porque entonces encontramos personas con actitudes tan pobres?

Eso ocurre porque perdemos de vista lo anterior. Para graficarlo voy a poner otro ejemplo. Yo notaba que de mis alumnos, había algunos que siempre tenían malas actitudes, como soberbia o poco respeto hacia los demás. Eso quizás es esperable ya que el adolescente por definición está probando sus fuerzas y desafiando los límites. Eso se observa en cualquier especie. Los cachorros de humano van experimentando el mundo fuera de casa y, normalmente, es en la escuela dónde lo comienza a hacer. Pero noté esa actitud en ciertos chicos que tenían en común que jugaban al básquet en los clubes locales. Y me puse a hablar con los profes de educación física y ellos mismos me explicaron que ese deporte es muy elitista. Para jugar tenés que tener un físico privilegiado, no cualquiera puede jugar. Y es un juego que no admite empates. Solo importa ganar. Eso hace que los que llegan a primera, se perciban a si mismos como especiales.

Por otra parte, otros alumnos jugaban al rugby y por más que no le daban pelota a mi materia jamás tenían una actitud irrespetuosa. Y nuevamente hablando con los profes me entero de que en ese deporte hay un puesto para cada físico, desde el más flaco hasta el más relleno. La única condición para jugar es estar bien entrenado. Si no entrenás no solo no aguantás un partido sino que te lastimás seguro. Y no es tan relevante la figura, sino el equipo.

No estoy diciendo que esto es así siempre ni estoy denigrando un deporte sobre otro. Lo que estoy diciendo es que si no se forma a un individuo de manera integral es muy probable que desarrolle conductas inapropiadas.

Creo que por ahí pasa lo que ocurre en los ambientes ajedrecísticos: como es un juego que necesita de ciertas habilidades cognitivas para hacerlo bien, los que llegan a cierto nivel se perciben como especiales y pierden, por ejemplo, la humildad.

El ajedrez es un juego apasionante y es muy interesante que forme parte de la curricula, debe ser -como dice Erni Vogel- política de estado y debe servir para que todos lo disfrutemos y crezcamos intelectualmente. Pero debemos adosarle actividades que colaboren a algo integral, para formar buenos jugadores y mejores personas.


*Profesor en Matemáticas. Título obtenido en la Universidad Nacional de Misiones, Argentina. Enseña en el Profesorado de Matemáticas del Inst. Superior Antonio Ruiz de Montoya y de la UNaM (Eldorado, Misiones, ARG).

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